jueves, 19 de noviembre de 2009

Diana Bellesi

Diana Bellessi (Zavalla, 1946). Estudió filosofía en la Universidad Nacional del Litoral y entre l969-75 recorrió a pie el continente. Ha publicado, entre otros libros, Destino y propagaciones (Casa de la cultura de Guayaquil, 1970), Tributo del mudo (Ed. Sirirí, 1982), Eroica (Ed. Libros de Tierra Firme, 1988), El jardín (Ed. Bajo la Luna Nueva, l993), Lo propio y lo ajeno (Ed. Feminaria, 1996; reedición aumentada, Ed. Lom, Chile, 2006), Antología poética (Fondo Nacional de las Artes, 2002), Mate cocido (Grupo Editor Latinoamericano, 2002), Persecución del sueño (poemas escogidos, Ed. Lom, Chile, 2006), La penumbra que mira el oro (poemas escogidos, Ed. Limón, 2006), La voz en bandolera (poemas escogidos, Ed. Visor, Barcelona, 2008) y Tener lo que se tiene (poesía reunida, Ed. Adriana Hidalgo, 2009). En 1993 le fue otorgada la beca Guggenheim en poesía; en 1996 la beca trayectoria en las artes de la Fundación Antorchas; en 2004 el diploma al mérito del Premio Konex; y en 2007 el premio trayectoria en poesía del Fondo Nacional de las Artes.




EL JARDÍN




He construido un jardín como quien hace

los gestos correctos en el lugar errado.

Errado, no de error, sino de lugar otro,

como hablar con el reflejo del espejo

y no con quien se mira en él.

He construido un jardín para dialogar

allí, codo a codo en la belleza, con la siempre

muda pero activa muerte trabajando el corazón.

Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo

atisba las dos orillas, no hay nada, más

que los gestos precisos -dejarse ir- para cuidarlo

y ser, el jardín.

Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte

hablando en perfecto y distanciado castellano.

Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía

que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.

Ella que nunca pudo el escalpelo del horror

provista de herramientas para hacer, maravilloso

de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror

si la belleza lo sostiene. Mira el agujero

ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo

en el espejo frente al cual, la operatoria carece

de sentido.

Tener un jardín es dejarse tener por él y su

eterno movimiento de partida. Flores, semillas y

plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay

poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una

tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,

mientras la sombra de su caída anuncia

en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir

sin sueño del sujeto cuando muere, mientras

la especie que lo contiene no cesa de forjarse.

El jardín exige, a su jardinera verlo morir.

Demanda su mano que recorte y modifique

la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros

bajo la noche helada. El jardín mata

y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer

gestos correctos en el lugar errado,

disuelve la ecuación, descubre páramo.

Amor reclamado en diferencia como

cielo azul oscuro contra la pena. Gota

regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas

a la orilla más lejana. I wish you

were here amor, pero sos, jardinera y no

jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.




de EL JARDÍN (l993)




EL FIN DEL DÍA





Bienvenido silencio amigo mío

en la oscura noche que apacigua

el rumor del viento como un guerrero

cuya furia baila entre los árboles

y sin verlo yo lo veo limpiar

el ruido de la mente cacatúa

ensimismada en su graznido brutal

monocorde y vos silencio mío

daga trueno del monte que rasga

la mugre acumulada las costras

sobre el instinto fino muriéndose

de pura sed por esa atención

donde yo desaparezco salvo

en la función de tensar el sentido

hacia lo visible y su fortuna

inagotable cercana a dios

silencio traicionado amigo nuestro

en el vendaval oscuro del día

dispuesto vaya a saberse a qué

donde el alma se pierde como un piojo

en la cabellera turbia del mundo






DÍA DEL PERDÓN



De todas las cosas que me han pasado en esta vida

son las inocentes las que recuerdo con hondura

y más mientras los años a disparada como potros

en una estela de polvo también pasan y pasan,

pero el vicio nunca acaba de andar así ensuciando

esa claridad solita que viene por encanto

y por gualicho bruto se va de andar pensando fiero

o pensando mal de esto o de aquello y sobre todo

de la siempre linda inocencia franca para darle

a los demás y más aún de la que tienen los otros

o ganas de tenerlas de seguro como yo,

dar y recibir así de ida y vuelta y natural

si miramos bien las cosas qué fácil es perderse

en belleza inocente que no calcula porque ve

solamente hondura o ese espesor de la vida único

al hacer las cuentas donde es llamado el instante

que no nos dio cosa ninguna más que el alma entera

y sabionda de saber nada se lleva y sólo fue

ganar fue seguir en la montura sutil del viento

de TENER LO QUE SE TIENE (2009)





LA FAENA



Viéndome, en lento caminar y en vértigo

no obstante por el áureo corredor

hacia la orilla donde al fin se para

el tiempo y llega aquél, aquel sin límites

que da la espalda al porvenir y gira

sonriendo a la miríada naciente

como hace el corazón ante el invierno

y por un segundo y frente a frente

contempla lo desnudo entre las ramas

con muda admiración para después

asegurarse en la canción extraña

de un ave loca que susurra algo

sobre un temblor de hojas o un latido

en el vacío seno del invierno

veo cerrar al enemigo tiempo

las puertas a los héroes finalmente

mortales y disueltos en el fuego

de efímeras victorias, llora Aquiles

a Patroclo y se llora por saberse

él también un mortal, no torcerá

la espalda de aquél que nos espera

junto al río más sombrío y viéndonos

por un momento ve a nuestros hijos

y los hijos de sus hijos cuando el otro

no el campeón ni el dios sino el rapsoda

hambriento y satisfecho en sus harapos

nos da la bienvenida en el estrecho

corredor donde baila esa última

luz extraordinaria y no sabemos

decir si acorralada o liberada

pareciera invitarnos a una fiesta

de alianza con el bello perdedor

¿que es el tiempo menor o es Aquiles

emergiendo en la dulce sangre propia

que llora lo perdido y lo tenido

para siempre aunque sólo en esa forma?

y busca un centro o la guiñada esquiva

del menor harapiento que le diga

te ha tocado lo mejor haciendo

a su medida como a la medida

de un infinito dios el resplandor

del presente que brilla sólo de ese

modo por caminar sobre la cuerda

de la muerte y el geniecillo todo

en oro inmerso de la luz de otros

gastada en la alegría de ser por un

momento viéndose en el vórtice o

no viendo ya, se une a los balidos

de corderos que entran por el brete

al tremor del magnífico concierto

ya se hizo la faena, no vemos nada

 
Poema inédito

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