jueves, 19 de noviembre de 2009

Germán Carrasco


Germán Carrasco (Santiago, 1971). Ha escrito los libros de poesía Brindis (U. de Chile, 1994), La insidia del sol sobre las cosas (Ed. Dolmen, 1998), Calas (Ed. Dolmen, 2001), Clavados (J.C. Sáez editor, 2003) y Multicancha (Ed. El billar de Lucrecia, México, 2007). Es autor de una traducción de El Mercader de Venecia (Ed. Norma, 2000). Ha recibido los premios “Diario de Poesía” (Buenos Aires), “Sor Juana Inés de la Cruz” (Costa Rica), “Mejores Obras” (Chile), entre otros.






CANTO DE CHINCOLES
(o la más bella acupunturista japonesa)




Chincol (América Meridional; Zonotrichia capensis). Pájaro del género
“Zonotrichia” pequeño, semejante al gorrión, pero cantor, con un pequeño
penacho y ribetes rojizo, ladrillo, piedra, etc. Su canto, según la gente dice: ¿Hai
visto a mi tío Agustín con un zapato y un calcetín?

.

Es un río el frío serpentino
-o frescor sinuoso, si prefieres-
que filtra los oídos y pregunta
por su camisa de seda. Es una i
latina: un clavado, un pinchazo,
una inyección emoliente.

.

Las orejas son flores con polen. Ta claro.
Por eso los pájaros meten su canto en las orejas
y en las victrolas y los lirios y anda a ver
y a saber: los roles se confunden en el sexo.
La guirnalda sangrienta y filosa: el trino
como la sangre de los piures y el Tabasco
como crepúsculos de yodo y metapío.
La camisa está empapada. Puente sonoro.
Aguja de plata en los tímpanos.
Inyección emoliente. Droga.
Penetración, ambrosía del dolor.
La más bella acupunturista japonesa.

.

Los chincoles dibujan en los tímpanos
el aire rojo de la madrugada: dibujan
un nido de venas, las propias, no: una vena,
un símbolo infinito o un rollo de manguera
del que sólo suponemos sus extremos
por el olor a tierra mojada y las gotas en las rosas
-rostros de niñas perlados de sudor -
y porque el cordaje podría danzar
como una cobra ante el canto de estos pájaros.

de CLAVADOS (2003)





AZALEA, MAGDALENA DE CREPÉ



Azaleas blancas: poemas fallidos que alguien arrugó.

O para ponerlo de otra manera: han crecido flores
en el canasto papelero:
                                   la hoja de A 4 se desarruga
y recupera su forma: de nube
que se expande sin perder consistencia ni blancura:
ser vivo
el poema. Y las letras: ninjas
que caen armados en la niebla de la página,
                                    azalea, magdalena, estrellita de crepé,
                                    azalea, estrellita, magdalena de papel;

esto es lo que sucede:

las líneas garabateadas se niegan a desaparecer;
las notas perdieron el pudor y quieren exhibir
los tatuajes que la editorial de la praxis imprimió
en sus cuerpos ávidos de praxis: la hoja
se piensa perfume, tersura de azaleas
y las lagartijas invaden furtivas el teclado
de un laptop:
quieren escribir,

                                azalea, magdalena, estrellita de crepé,
                               azalea, estrellita, magdalena de papel.


Para Oscar Barrientos, por la patria salada.





EL MONSTRUO MARINO



la memoria es una almohadilla en forma de corazón
en donde las costureras clavan agujas y alfileres

en la más nieve de las soledades

en la más aleonante brisa marina

o un pueblo caluroso en brasil

¿Será él?

(la memoria es una almohadilla en forma de corazón
en donde las costureras clavan agujas y alfileres)

¿Lo saludo? (vamos, por qué no, somos adultos)

sorbe cerveza ¿será él? parece será pero claro es él (¡) cómo

estás qué alegría yo pensé que te había tragado
una universidad yanqui el vih el alcoholismo la vida
o un monstruo marino lareconch

y charlamos y charlamos
y ya, fin.





PORQUE TANTO DEPENDE



                      planchen esta camisa con cariño
                     porque tanto depende

Esta leñadora tan Cobain tan Carver
tan americana, aunque hecha en oriente
por un hermoso Mao Tse Tung menor de edad.

Esta camisa –tartan- con pretensiones de frazada
hizo un largo viaje desde Fu Cheng
hasta el sano y rozagante cuerpo
de un adolescente del Midwest o Seattle

y de ahí a unas dependencias mormonas
en donde la empaquetaron y enviaron
a tiendas de ropa usada en Sudamérica.
donde la compraste.

Luego viajó de vuelta a EUA
cuando fuiste, aunque no al mismo
estado a hacer un Ph.D

(para que en tu Lima natal luego le dieran el trabajo
a los que apenas habían terminado la secundaria,
pero provenían de sectores que dan garantía
buenos apellidos buenas escuelas)

y luego de vuelta a Sudamérica, la camisa

que luego usó tu hermano menor y luego
el hijo del portero y así hasta convertirse
en este paño con el que ustedes sacan lustre
a los zapatos para presentarse,
curricula bajo el brazo y bien peinados
a una cola más larga y monótona que La Araucana
o que un siglo de inviernos en Santiago.

Con ese trapo -por hacer algo-, pulen copas
—trofeos de un club que no existe—
de una feria de segunda (todo es vintage)
bajo el cielo color gargajo
de un domingo de emisora AM.
Tiempo muerto de gente no inserta,
melancolía de losers rematados .

Esa podría ser al trayectoria de un texto

pero tú insistes en la famosa camisa,
que si hubo tal cosa que no importa te insisto
que cuántas veces te tengo que explicar
lo que importa es el movimiento te digo
mientras la camisa gotea en un cordel
como exhausta bandera de rendición

 
 
del libro inédito RUDA

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